
¿Qué pasa cuando un desarrollo piensa primero en quienes viven aquí?
Cuando un desarrollo piensa primero en quienes viven aquí
Por Chris Eager
Hace unos días recorría Marvista con Alex, el desarrollador del proyecto, cuando me di cuenta de que estábamos teniendo una conversación poco común para el mundo inmobiliario. No hablábamos de acabados italianos. Ni de retornos de inversión. Ni siquiera de albercas o jacuzzis. Estábamos hablando de enfermeras. De médicos. De familias. Y de cómo se vive realmente en La Paz.
Con el tiempo he descubierto que, cuando entiendo la historia de un proyecto, también entiendo mejor si es el lugar adecuado para mis clientes. Por eso, más que recorrer departamentos, me gusta conversar con quienes los imaginan desde el principio. La arquitectura siempre refleja una forma de pensar. Y, tarde o temprano, esa forma de pensar termina influyendo en la vida de quienes habitan esos espacios.
La Paz está cambiando. Eso ya no es una opinión; es una realidad que cualquiera puede ver. Cada año llegan más personas buscando una vida diferente, más tranquila, más cercana al mar y con un ritmo distinto al de las grandes ciudades. Ese crecimiento trae oportunidades, pero también plantea una pregunta importante.
¿Estamos construyendo solamente para quienes llegan... o también para quienes ya viven aquí?
Fue precisamente ahí donde la conversación con Alex tomó un rumbo que no esperaba.
Me contó que su familia compró este terreno en 2003. En aquel entonces, el proyecto era completamente distinto. La idea era desarrollar vivienda de interés medio, algo lógico para la ciudad que existía en ese momento. Pero La Paz evolucionó, la zona ganó plusvalía y, en lugar de insistir en el plan original, decidieron detenerse y volver a hacer la pregunta más importante.
¿Qué necesita hoy esta ciudad?
La respuesta no fue construir departamentos más grandes ni sumar una lista interminable de amenidades. Fue diseñar espacios para personas que realmente viven aquí.
Cuando le pregunté quién imaginaba viviendo en Marvista, esperaba escuchar la respuesta que suele aparecer en casi cualquier presentación inmobiliaria: jubilados, extranjeros, inversionistas o personas buscando una segunda residencia.
En cambio, comenzó hablando de médicos, enfermeras, profesionistas y familias. Personas que necesitan llegar rápido al hospital, al aeropuerto, a Plaza Galerías, al colegio de sus hijos o a una reunión de trabajo, sin renunciar al placer de terminar el día viendo el atardecer sobre la Bahía de La Paz.
Después habló de inversionistas.
Y me gustó que fuera en ese orden.
No porque un perfil sea más importante que otro, sino porque revela una filosofía distinta. Cuando un lugar funciona bien para quienes viven en él todos los días, normalmente también funciona muy bien para quien decide invertir.
Quizá esa sea una de las diferencias más interesantes de Marvista.
No intenta competir por ser el desarrollo más grande de la ciudad ni el que presume la lista más larga de amenidades. La conversación gira alrededor de algo mucho más cotidiano: cómo facilitar la vida de las personas.
Mientras recorríamos la obra, Alex insistió en enseñarme la unidad 206, la más avanzada hasta ahora.
"Así se van a entregar todas."
La frase fue breve, pero me pareció reveladora.
Vivimos un momento en el que muchos compradores toman decisiones viendo renders y recorridos virtuales. Alex, en cambio, prefiere mostrar una residencia terminada y decir: "Esto es exactamente lo que recibirás."
No es una estrategia espectacular.
Es una estrategia que genera confianza.
Y en una compra tan importante, la confianza suele valer más que cualquier discurso de ventas.
Antes de despedirnos le hice una última pregunta. No sobre precios. No sobre plusvalía. No sobre construcción.
Le pregunté qué esperaba que sintiera alguien al llegar al rooftop al final del día, sentarse con su familia o con unos amigos y ver cómo cae el sol sobre la bahía.
Pensó unos segundos y respondió con una sola palabra.
"Tranquilidad."
Después describió una escena muy sencilla: prender el asador, compartir una comida, meterse al jacuzzi y dejar atrás el ritmo del día.
Mientras manejaba de regreso a casa pensé que, quizá sin darse cuenta, Alex acababa de describir exactamente aquello que tantas personas vienen buscando cuando deciden mudarse a La Paz.
No solamente una propiedad.
Una forma distinta de vivir.
Y creo que ahí está la verdadera conversación.
En los próximos años veremos muchos proyectos nuevos en Baja California Sur. Algunos estarán pensados principalmente para el turismo. Otros buscarán aprovechar el crecimiento del mercado inmobiliario.
Eso es parte natural de una ciudad que evoluciona.
Pero personalmente espero que también sigamos viendo desarrollos que empiecen por hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Cómo hacemos que la vida sea mejor para quienes llaman a La Paz su hogar?
Después de pasar una tarde conversando con Alex, me dio la impresión de que Marvista intenta responder precisamente esa pregunta.
Y, para mí, eso resulta mucho más interesante que cualquier lista de amenidades.
